La Escolta del Comandante

Martes, 06 Febrero 2018 00:00 Escrito por 

 

Llegó a Chile en septiembre de 1996, dejando en Cuba una agitada carrera como docente de economía política en una academia militar. Asimismo, perteneció a un batallón especial encargado de la seguridad permanente de Fidel Castro, e incluso, formó parte de la escolta del último Jefe de Estado de la Unión Soviética en visita oficial. Junto con revisar su historia en la isla, Zully nos cuenta las razones que la impulsaron a vivir en nuestro país y cómo fue su proceso de adaptación a la cultura chilena.

 

entrevista Camila Guerra G. | texto Paulo Araya V.| fotografía Claudia Maturana N.

 

Formó parte de las Juventudes Comunistas. De sus filas, los altos mandos cubanos realizaron una selección de personas que formarían parte de un batallón de apoyo al Ministerio del Interior, que implicaba resguardar la seguridad de delegaciones extranjeras y la de importantes personalidades nacionales.

 

En 1989, Mijaíl Gorbachov, último jefe de Estado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), viajó a la isla. Era su primera visita como mandatario a Cuba. Zully nos cuenta que, en su calidad de integrante del batallón, en la oportunidad le tocó “cubrir el aeropuerto de La Habana, junto al personal de seguridad. Nos separaron en grupos y nos desplegaron en lugares estratégicos del recinto”. 

 

Cuando Fidel Castro programaba una reunión o acto importante, también se recurría a este batallón “para evitar cualquier peligro que pudiera afectar la vida del Comandante”, rememora.  

 

¿Cómo era la vida en Cuba antes del fin de la URSS?

-Durante los 30 años que viví en Cuba, no me hizo falta nada. Cuando niña, me levantaba a las seis de la mañana, corría por la Quinta Avenida de La Habana, para bañarme en la playa. Luego volvía a casa, me daba una ducha y me iba al colegio. 

Recuerdo que los fines de semana siempre había fiesta, la pasábamos muy bien, con cosas muy simples. Les he inculcado a mis hijos que se puede disfrutar la vida con sencillez. Tengo muy felices recuerdos de infancia y juventud en Cuba. 

La historia reciente cubana se divide en dos. Antes de la caída del comunismo en Europa del Este y después de ese proceso. Cuando existía el Campo Socialista, debido a que la Unión Soviética nos abastecía de todo, siempre había comida y los salarios estaban de acuerdo con las necesidades que uno tenía. Con lo que ganabas, podías comprar las cosas básicas. Incluso podías darte el gusto de ir una noche a un Hotel o a un Cabaret. 

Desde que nací, viví en un régimen que me mostró que lo mejor era el Socialismo. No conocía otra cosa, por ello estaba identificada con el Gobierno. Las personas piensan como viven, no viven como piensan.

 

¿En qué consistía tu rol como docente?

-Estudié Ciencias Políticas y hacía clases de Economía Política en una academia militar que preparaba en el área castrense e ideológica a integrantes de los movimientos revolucionarios de todo el mundo. Yo tenía alumnos de Chile, Nicaragua, Angola, Etiopía, Mozambique, El Sahara, etc.

Pero comencé a apreciar fenómenos que no coincidían con lo que me habían enseñado en la universidad. Por ejemplo, me habían formado diciéndome que la inversión extranjera significaba una intervención, mientras que yo veía que capitales de otros países estaban ingresando a Cuba. Por este tipo de contradicciones, decidí no seguir impartiendo clases. 

 

¿Cuál fue tu primer vínculo con Chile?

-Yo vivía en La Habana, pero la academia militar estaba en la Isla de la Juventud, ubicada al sur de la capital cubana. Vivía de lunes a viernes allí y el fin de semana viajaba a mi casa. En uno de esos viajes, conozco a don Luis Retamales, mi marido. Él trabajaba con las empresas Cardoen y estaba a cargo de un proyecto de exportación de frutas hacia Europa. En esa isla, había plantaciones de pomelos.

Recuerdo que era domingo y estaba en el aeropuerto. Cuando lo veo, pensé… ‘éste debe ser uno de los chilenos que trabaja en una empresa exportadora’. En la fila de embarque, estábamos uno detrás del otro, empezamos a conversar y por el acento me di cuenta que efectivamente era chileno. Nos fuimos hablando en el avión, después me invitó a almorzar. A la otra semana, nos justamos en La Habana y comenzó el pololeo. 

 

¿Y cómo llegas a Chile?

-Vivimos juntos en La Habana, por cinco años. Luego él me invitó a visitar Chile. Aquí me enfrenté a otra realidad, muy distinta a la cubana. Por ejemplo, me di cuenta que si las personas trabajan con esfuerzo, pueden alcanzar metas y empecé a cambiar de a poco el switch. 

Debido a que el contrato de su empresa con Cuba terminó, decidimos venirnos definitivamente a Chile, en 1996 y hoy estoy en Santa Cruz. 

 

“Les he inculcado a mis hijos que se puede disfrutar la vida con sencillez. Tengo muy felices recuerdos de infancia y juventud en Cuba ”.

 

CAÍDA DE LA URSS Y REALIDAD CUBANA

 

El proceso de cambio que vivió Zully fue paralelo al fin de la Unión Soviética, país que dejó de existir en 1991 y que prestaba un trascendental apoyo económico a la isla caribeña. Ello implicó una crisis sin precedentes en la Revolución Cubana, de la que surgió el Período Especial. Fue un momento de estrechez, muy difícil para sus habitantes. 

 

¿Perjudica mucho a los cubanos el bloqueo de Estados Unidos?

-Suele decirse que el bloqueo económico que nos impuso Estados Unidos es el pretexto que tienen los dirigentes cubanos para justificar su sistema político; pero independiente de eso, la medida efectivamente afecta a la isla y eso limita el acceso a muchas cosas. 

 

¿Por qué los cubanos tienen un nivel cultural elevado?

-La Educación en Cuba siempre se caracterizó por ser buena y gratuita. Desde que los niños van al colegio, la meta es convertirse en profesional universitario, si tienes las capacidades. A nadie se le ocurriría terminar la Enseñanza Media, e inmediatamente ponerse a trabajar. 

Cuando yo vivía en Cuba, una de las carreras más valoradas era la de profesor. Ellos estaban muy motivados, aunque parece que ya no es tan así. Cuando existía el Campo Socialista, muchos docentes viajaban a estudiar un post grado a países como Hungría, la Unión Soviética, Rumania, Bulgaria y Polonia, lo que además les permitía adquirir un bagaje cultural importante que traspasaban a sus alumnos. 

Suele hablarse muy bien del Sistema de Salud cubano.

-Si hay algo que siempre destaco de Cuba, es la calidad de sus médicos. La atención es gratuita, ellos no pueden lucrar, porque donde estén, siempre ganarán lo mismo. Les enseñan a entender su carrera como un servicio a las personas y trabajan con una entrega tremenda. Puedes darte cuenta si un médico es cubano, porque su trato es muy especial.

 

Volviendo a Chile ¿cómo fue tu proceso de adaptación a nuestro país?

-Visito la isla cada cuatro o cinco años. Mi familia está toda allá. Eso es algo que pesa cuando se toma la decisión de irse; es dejar a la Mamá, al Papá y los amigos. Igual existe añoranza, porque cuando voy redescubro los olores del mar y las lluvias, distintos de los de acá. Esas cosas, representan una vivencia preciosa, te evoca recuerdos. Chile es muy diferente, desde el clima a las comidas. Yo no tengo la posibilidad de, por ejemplo, juntarme con mis compañeros de curso.

Llegué a Chile con una familia compuesta por mi marido y mi hijo de ocho meses, que nació allá. La recepción de la familia de Luis, me ayudó mucho para aclimatarme y sentirme bien. Estoy feliz aquí. Además, me encanta la comida tradicional chilena, me fascina el Pastel de Choclo. Es una comida más variada que la cubana. Allá lo típico es el arroz, los porotos negros, la yuca, el plátano frito y las carnes de pollo, cerdo y pescado.

 

¿Qué es lo que más añoras de tu Cuba?

-Mi Mamá viene todos los años a Chile y se pasa conmigo dos o tres meses. Mi Papá falleció hace poquito. Con el resto de la familia, es poco lo que me puedo comunicar, porque allá existe un acceso restringido a Internet, se hace todo más difícil. 

Además de mi familia, una de las cosas que más añoro de Cuba es su mar. Cuando regreso, lo primero que hago es bucear. El agua es maravillosa, es transparente, su temperatura es exquisita y se pueden ver los peces a simple vista. Pero lo que ya no me gusta es el calor de La Habana, pues ya me acostumbré a las marcadas estaciones de Chile, mi nuevo país.