Espacio Terraviña | Puro placer, pura poesía

Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00 Escrito por 

Un hotel, un restaurante, un museo de cartografía, una enoteca y una tienda. Cinco espacios marcados por el buen gusto, la calidad y la belleza. Cinco rincones tejidos a mano por sus dueños, la danesa Anne Sorensen y el chileno Eduardo Montanares, que dan vida a Espacio Terraviña, donde el placer y el goce acarician hasta el alma e invitan a disfrutar del Valle de Colchagua.

por Melisa Quiroga | fotografía Claudia Maturana N.

Le dicen hygge y es un concepto 100% danés. Se traduce como “lo acogedor”, pero Anne y Eduardo saben que es mucho más que eso: es una actitud total ante la vida, es lo que tiene a Dinamarca como uno de los países más felices del mundo y es lo que esta pareja chileno– danesa quiso replicar hace ya 10 años, cuando decidieron establecerse en Colchagua. “Estar arropado en tu sofá una tarde de invierno, con una temperatura agradable dentro de la habitación, una taza de chocolate o un buen vino. Eso es hygge, pero también puede ser una tarde donde el sol está cayendo y somos un grupo de amigos compartiendo una copa de vino, en un lugar bellísimo como éste, lleno de verde. Es el confort, el placer, la intimidad, y eso tratamos de transmitir”, explica Anne.

Comenzaron adquiriendo cuatro hectáreas a la Viña Laura Hartwig donde, en medio de las vides, construyeron un hotel con más de 1400 metros cuadrados, a lo que sumaron el restaurante Los Poetas recién implementado, el museo, la enoteca y una tienda. Todo con el mismo fin, encontrar una forma de vida que los satisficiera y les permitiera vivir de su trabajo. “Yo soy chileno pero me fui cuando era niño con mi familia a Dinamarca, ahí conocí a Anne y volví con ella, después de los cuarenta, porque tenía ese deseo de intentarlo y de vivir en ese lugar del que me habían hablado tanto. Aquí me encontré con un país lleno de oportunidades y con mucho por hacer”, cuenta Eduardo.

Sin saber nada sobre cómo manejar un hotel cuando iniciaron este camino el 2008 y sólo con su experiencia de viajeros y usuarios de hoteles, hoy Eduardo y Anne reciben a cientos de turistas al año. ¿Cómo lo hicieron? Muy simple, “dijimos ‘qué nos gusta y qué no nos gusta de un hotel, como experiencia’ ”, y eso fue lo que plasmaron en Hotel Terraviña donde la máxima es la confianza total en el pasajero: “nosotros apostamos por la confianza. Aquí tú entras y en cinco minutos estás en tu habitación, sin papeleos innecesarios. Estamos abiertos a ayudarte, si quieres estar tranquilo y no hablar con nadie, vas a tener esa tranquilidad”, indica Eduardo.

La infraestructura es otro sello que destaca. Con 19 habitaciones de diseño limpio, pisos de madera, mobiliario de líneas simples, baños con luz natural y terrazas independientes con vistas impresionantes a los viñedos, el hotel hace gala de este concepto de sencillez y confort que sus dueños soñaron imprimirle. “Esto va de la mano con el minimalismo, el escandinavo hace tiempo que dejó de utilizar cosas que no sirven, entonces nuestras habitaciones cuentan con lo necesario para el descanso, sin adornos que saturen ni entorpezcan el relajo y la desconexión que queremos brindar a nuestros huéspedes”, comenta Anne.

La orientación del hotel también persigue este concepto: mira hacia donde está la luz, de oriente a poniente. “Alguien podrá pensar ‘qué pena que las ventanas no estén hacia el poniente para ver el atardecer’, pero nosotros quisimos amanecer con el sol y empaparnos de esa energía al comenzar el día, lleno de verde, de vida. El atardecer puedes verlo sentado en la terraza con una copa de vino”, argumenta Eduardo, adelantando también la primicia de un próximo helipuerto en Terraviña. Aunque no sólo es la infraestructura la que otorga una gran experiencia. Las personas que conforman el equipo se compenetran a la perfección con el servicio de calidad que ofrece Espacio Terraviña. Así lo enfatiza Eduardo: “tratamos a la gente como nos gustaría que nos trataran a nosotros, respetando a nuestros empleados. Ellos se han hecho muy partícipes del proyecto y eso ha sido uno de los ejes que le ha dado fuerza a esto”.

Eduardo confiesa que los propios pasajeros sembraron la inquietud de tener su restaurante dentro de las instalaciones de Espacio Terraviña, como una forma de estar a la vanguardia del crecimiento sostenido que ha experimentado Santa Cruz en estos últimos años. Un año demoró la construcción en manos de arquitectos de la zona y ya en marzo de 2018 estuvo todo dispuesto para recibir a quienes quisieran disfrutar de la buena mesa, de aquella sencilla pero bien lograda mezcla de poesía, vino y sabores. ¿Poesía? Tal cual, porque no es un restaurante común. En Los Poetas se cruzan y enredan la cultura y la gastronomía. “Chile es conocido en el extranjero por sus premios Nobel, su poesía, y la comida es parte importante de sus obras”, explica Montanares, y agrega que, para él, “es un gran placer que comparto con los poetas que están en nuestras pa- redes, así como también esa característica que todos tenían: el gusto por la comida sencilla”.

Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Pablo de Rokha y Nicanor Parra están retratados en un gran mural al interior del restaurante, pero su presencia se encuentra principalmente en los platos que dan vida a la carta de Los Poetas. Caldillo de congrio, alcachofa a la Montegrande, arroyado de malaya de Huidobro, son algunas de las preparaciones que contiene, todas acompañadas por un poema y también por el ya clásico toque escandinavo: una sopa de topinombur, tubérculo de la familia del girasol conocido también como la alcachofa de Jerusalén y que introduce a los comensales en el goce de los platos de los poetas. La propuesta gastronómica goza de una gran variedad de pescados, mariscos y productos del mar. Asimismo, es posible deleitar muy buenas preparaciones que fusionan la tradicional comida chilena con algunas propuestas escandinavas que sorprenden gratamente. “Queremos introducir algunas novedades nórdicas porque eso permite iniciar una conversación con la gente”, aclara Anne, mostrándonos también la colección de libros de poesías que están al alcance de todos los comensales, los que se pueden llevar a la mesa.

 

 De los vinos, demás está decir que tienen la mejor variedad de las viñas del Valle de Colchagua para disfrutar y aprender de ellos. “Contamos con un sommelier y esperamos que todos quienes atienden a nuestro público puedan llegar a serlo. Me interesa que nuestra gente crezca, porque a medida que lo hacen, crecemos nosotros también, y eso los clientes lo agradecen”, confiesa Eduardo. Por otro lado, Terraviña tiene como política dar cabida y prioridad a los productores de la zona, quienes con sus diversos productos aportan a la consistencia de la cocina de Los Poetas. “Aparte del vino, tenemos la sal de Cáhuil, el aceite de oliva de Lolol, la quínoa de Paredones y los limones son todos de los alrededores”, destacan. También están trabajando en una huerta ecológica, donde los turistas podrán ver de dónde nacen algunos productos, como los tomates por ejemplo, y podrán cosechar los vegetales para las preparaciones que quieran disfrutar.

¿Se imagina poder conocer y probar las mejores cepas del valle? En el ingreso al restaurante los puede encontrar, pues ahí se ubica la Enoteca de Espacio Terraviña. Un rincón especialmente diseñado para conocer, apreciar, aprender y principalmente degustar los mostos de las 17 viñas de la ruta del vino, además de otros exclusivos íconos, que por un alcanzable valor, podrán saborear acompañados de tablas de queso y una buena conversación. “La idea es convertirnos de a poco en una escuela de vinos. El turismo en general cada día exige más, saber, aprender, conocer, salir del lugar en que estuviste no sólo con las fotos”, explica Eduardo.

Como un hallazgo califican, Eduardo y Anne, el nacimiento de la colección de más de 600 mapas, planos y grabados del Chile anterior a 1800 que Rubén Palma, amigo de la pareja con residencia en Dinamarca, comenzó a forjar hace más de 40 años. El primer mapa de la colección lo consiguió en una feria en Londres y lo atrapó. En corto tiempo ya tenía más de 600 entre chicos, grandes, baratos, caros, todos retratos de un Chile todavía dominado por la corona española y que hoy se convierten en una mirada distinta de la historia de nuestro país. “Rubén me vino a ver y empezamos a jugar con la idea de exhibir este material primero en el hotel, aunque sentimos que perdería la magia, entonces cuando hicimos el restaurant, dejamos dos salones para crear el museo”, cuenta Eduardo. 

Así nació el Museo de Cartografía, que busca ser un ente cultural atractivo y mostrar la historia de nuestro país a los visitantes. “Cuando uno va a visitar a alguien a una casa, a veces las personas sacan el álbum de fotos familiar. Nosotros queremos hacer lo mismo, sacar el álbum de Chile, porque son las primeras imágenes que tenemos de nuestros antepasados”, manifiesta Eduardo. Y para que los asistentes a Espacio Terraviña completen su experiencia y la recuerden no sólo con las fotos que se llevan, sus dueños están prontos a inaugurar una tienda al interior del restaurante, con vinos y artesanía en general, productos hechos por artesanos de la zona, “siempre pensando en este concepto: llegaste al hotel, comiste aquí y, además de la gran experiencia que esperamos hayas vivido, te llevaste un recuerdo que tiene relación con el lugar en que estuviste”, sostiene Anne. “Esperamos que la gente se lleve una experiencia, que disfrute de una buena compañía, un buen vino, la belleza de este espacio y de los placeres básicos de la vida, todo en un solo lugar”, concuerdan ambos.