Carlos Cardoen | Amor con amor se paga

Jueves, 24 Mayo 2018 00:00 Escrito por 

Acaba de cumplir 76 años y su imagen está más presente que nunca en el cotidiano del Valle, cuenta que la felicidad es la meta que se ha trazado y está convencido de vivir cada día como si fuese el último. En esta íntima conversación, Carlos Cardoen se refiere a sus circunstancias, al desprenderse de lo material y a su huella en la historia de Colchagua; esa generosa marca que provocó el impulso jamás conocido en esta provincia, ese gesto de nobleza hacia la tierra donde nació, esa convicción a la que no resta más que agradecer. Amor con amor se paga. 

 

por Patricio Morales L. | fotografía Claudia Maturana N.

 

 

Es un sábado de abril, Carlos Cardoen nos recibe en el Museo de Colchagua –el más visitado de Chile- y nos invita a redescubrir sus espacios mientras lo fotografiamos. El hombre que puso al Valle de Colchagua en el mapa del mundo como destino turístico, pareciera transitar hoy del estatus de exitoso empresario a la potente sabiduría de la edad madura: “En la vida hay que avanzar, arrancar ¡pero hacia adelante, no para atrás!”, sostiene con absoluto convencimiento, mientras desenfunda cuidadosamente unas antiguas casullas sacerdotales de la época barroca. Cada objeto de este lugar y sus diversos orígenes, pareciera conmoverlo, fascinarlo, tanto como la posibilidad de “vivir cada día a concho. Disfrutarlo entero, con lo que te trae”, dice. 

 

C.C., El Hombre

 

¿Quién es Carlos Cardoen?

Yo creo que el hombre es sus obras, lo que ha hecho por los demás y por sí mismo. El entorno es el que a uno lo juzga. Hay que tratar de hacer lo mejor posible y actuar en consecuencia. Indudablemente, los medios que uses, tienen que ir por la senda de la convivencia y del bien. 

Ojalá yo deje algo bueno atrás, para que el camino recorrido no haya sido en vano. Entonces, ¿quién es uno? Un chispazo, un algo que nació y murió, un acontecimiento. 

 

¿Qué significa para usted ser santacruzano?

Aquí aprendí a valorar la vida del campo, la vida del hombre que está más cerca de la esencia. Ves como la fuerza, el sudor y el trabajo se transforman en un producto útil para todos. Parte de mi vida la pasé en ciudad, lo que muchas veces, se asemeja a vivir en jaulas. Aquí, en cambio, puedo mirar este escenario maravilloso.

Creo que la naturaleza es una gran maestra que te enseña mucho, que marca. Hace apreciar las cosas sencillas que te emocionan y te hace mirar con una sonrisa socarrona a todos los que creen que cagan más arriba del culo… ponlo así por favor, no me lo disfraces. 

 

Respecto de sus empresas, sabemos que ha delegado importantes funciones en sus hijos. ¿Ha sido complejo, para un hombre de negocios como usted, entregar tan grandes responsabilidades? 

Simplemente, me ha parecido una manera sana y equilibrada de pasar el bastón en la posta de la vida. Sin traumas y con voluntad. Esto trae grandes beneficios, cuando uno tiene la suerte de tener hijos maravillosos como los que yo tengo. 

Mis hijos han sabido aprovechar bien la educación que han recibido. Entonces, de esa manera me puedo dedicar a mis locuras, mientras ellos se dedican a la parte productiva, a organizar y hacer crecer las actividades que han asumido. Ellos, han demostrado claramente que son buenos administradores y que funcionan dentro de los estándares que como familia siempre nos hemos colocado.

 

¿Cuál es su válvula de escape? ¿Cuándo la usa?

Cuando uno goza lo que está haciendo, no necesita escapar. Ahora, tengo lugares de reunión que me hacen muy feliz. En Vichuquén, nos hemos reunido toda la familia, cada hijo tiene su sitio. Tengo 20 nietos, ocho hijos, más el yerno y las nueras, con los que tenemos una relación muy empática. Aprovecho ese tipo de espacios para regalonear a mis nietos, a quienes amo mucho. Mi nieta mayor es ingeniera comercial y la menor tiene tres años. Y como uno ya es zorro correteado, tiene el privilegio de aconsejarlos y gozarlos. 

Con mis grandes amigos, con el Coco Pacheco y el Coco Legrand, también tenemos nuestros espacios, somos compadres de toda la vida, vamos a pescar como Club de Tobi. Salimos con mariscadores y los erizos los comemos arriba de un bote. Disfrutamos la sensación atávica de mirar el fuego y las olas. Eso seduce e hipnotiza.

 

 

La vida en cada sorbo de aire

 

¿Con quién compite hoy Cardoen?

Con la mediocridad, con la burocracia. Si eres infeliz, la amargura lo nubla todo. La amargura se transforma en envidia, en chaqueteo, en los sentimientos negativos a los que llamo caldos negros. Entonces, los caldos negros, son unos subproductos de la mediocridad. El que escoge ser mediocre, vivirá criticando a los demás y el que elige la excelencia, tratará de cambiar todo para bien. 

 

Se lo pregunto porque, de una u otra manera, ha estado en una competencia constante… en el mundo de los negocios, en el mercado, consigo mismo.

¿Competir en el sentido de estar en una carrera? Yo creo que la única competencia es contra la mediocridad, te insisto, porque vivimos en un mundo que desprecia el sacrificio. Uno tiene que competir, principalmente, contra los que no se atreven. Hay que ser locos, pero en el buen sentido, pues eso te permite hacer las cosas que los demás creen imposibles. Te lanzas a plasmar ideas porque te apasionan, porque te mueven, no por la retribución. 

Creo profundamente en el Carpe Diem, en disfrutar cada día como si fuera el último. Disfrutarlo entero, con lo que te trae. Hasta en las desgracias hay oportunidades, aunque la muerte es la única tonta pesada que no te entrega más opciones. 

En la vida hay que avanzar, arrancar ¡pero hacia adelante, compadre!, no para atrás. Hay que mentalizarse en positivo y comerse el día. Actitud, actitud y actitud, ¡creerse el cuento, viejo! 

La meta que me he trazado es ser feliz y para allá voy. El dinero, a lo mejor, viene como consecuencia de haber hecho las cosas bien, pero es un subproducto. La felicidad, en cambio, te permite proyectar todas tus bondades y capacidades de una manera más natural.

 

A veces, ser feliz significa desprenderse; desprenderse de sentimientos, de responsabilidades, hasta de lo material. 

¡Pero de todas maneras! Tú te vas a morir y las cosas van a quedar aquí. Por lo tanto, yo desarrollé un desapego a las cosas en mi vida, nada de esto que hay aquí es mío, nada. Yo lo doné a una fundación y ando livianito por la vida, con la mochila vacía, ¡y ojo! porque uno se va con la mochila vacía. 

Imagina el dolor que debe sentir la gente que ama los objetos, cuando se va a morir.  Debe ser terrible, angustiante. Yo quiero morir en paz.

 

Si su vida empezara de nuevo, ¿qué cosas no volvería a hacer y cuáles repetiría? 

Yo he cometido muchos errores en mi vida. Pero tal vez, el más grande, fue el pensar que podía competir en un mundo bajo el dominio norteamericano. Lo encontré aterrante, atroz e injusto. Salvajemente injusto. 

Yo soy agnóstico, pero tengo un dicho por el cual rijo mi vida… Que Dios me dé la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; que me dé la valentía para cambiar las cosas que sí puedo cambiar; y que me dé la sabiduría para distinguir la diferencia… cuál es cuál. Así rijo mi vida. 

Hay situaciones que son parte de mis circunstancias, que no tengo posibilidad de cambiarlas y he aprendido a vivir con ellas… entonces, qué hice, me volqué pa'dentro, y aquí estoy trabajando en lo mío, con los míos, para nuestro país, con todas mis fuerzas.

 

 

 

¿Aprender a ser feliz con las circunstancias? 

Es una obligación ser feliz con lo que la vida te entrega, con lo que hay. Para mí, ser feliz es una obligación moral, por el solo hecho de estar vivo y pelear con la muerte de la manera que me ha tocado.

 

¿Cómo le gustaría que lo recordaran?

Buena pregunta… Como un aventurero de la vida que está descansando. Y con amor. Punto.

 

¿Don Carlos, es real o leyenda, que una escultura suya cargará un ánfora con sus cenizas? 

Sí, es real. Mira, la única garantía que tenemos los seres humanos es la muerte, nada más. Esa escultura será mi última sonrisa a la vida.

 

¿Qué lo motivó?

No me gustan los cementerios, hay muchos muertos allí. Quiero estar cerca de los vivos (ríe).

Las huellas de la locura

 

¿Qué significa haber sido el principal promotor de este valle? 

Significa felicidad. Estoy contento de ver que las locuras de uno son contagiosas.

 

¿Se siente reconocido como gestor de este gran proyecto? 

Si ser reconocido significa respeto, sí. Y mucho. Creo que la gente respeta lo que estamos haciendo y mi gran objetivo es que el proyecto Valle de Colchagua lo haga suyo. No es el museo de Cardoen, es nuestro museo. Éste es nuestro turismo, es nuestro esfuerzo. Me encanta como se contagian esas pasiones. 

 

Don Carlos, ¿cómo ve Colchagua en 30 años más?

Si lo llevamos bien, seremos el referente turístico-cultural número uno de Chile, sin duda. 

 

¿Qué espera de este nuevo un Gobierno, desde la perspectiva del fomento del turismo? 

Es muy temprano para decirlo, pero veo con bastante optimismo lo que está pasado; la economía va a funcionar. 

A mí me gustaría que el Tren del Vino vuelva a viajar nuevamente por Colchagua. Espero que esta gente pueda responder positivamente a este anhelo de todos los colchagüinos. Veo buena intención, y como el hombre vive de sus experiencias, creo que los errores que se pudieron haber cometido, no se repetirán. Confío en aquello. 

 

A propósito del Tren del Vino, ¿qué opina del intento privado de reproducir dicha iniciativa?

Considero que ese fue un esfuerzo netamente fariseo, en el que alguien trató de beneficiarse ilegalmente, pues usaron nombres que estaban registrados; hubo que demandarlos. Pero mira, eso no es el Tren del Vino, ni siquiera viene para acá.

 

¿Cree posible que volvamos a tener nuevamente un Tren del Vino en Colchagua?

Hay varias formas de resucitar la idea, porque el concepto de hacer un viaje en un tren a vapor, ligado a las faenas de la producción de vino, es sumamente atractivo. 

Yo no pretendo tenerlo o administrarlo, ni nada. Eso se puede hacer a través de un concurso público. Hay que arreglar sólo 10 kilómetros de vía, ese es todo el problema. Ningún gobierno lo ha hecho, ojalá éste lo haga. 

 

Finalmente, citando la frase del Museo Colchagua, ¿cuál cree que es su huella en la historia, en nuestra historia de Colchagua?

Yo he luchado por tratar de generar el modelo de la actitud, donde el que quiere, puede, donde todo es posible. Cuando me dicen que un proyecto no se puede realizar, es cuando más me gusta hacerlo y rapidito, porque esta cuestión no dura mucho. Lo importante es transformar tus sueños en tres dimensiones, en realidad. 

Está el ejemplo de lo que ustedes están haciendo con Peperina. Tuvieron la locura de hacer una revista, pero les dijeron que para llevarla adelante se requería una estructura, de muchos recursos, que cómo se les ocurría. Es lo mismo que a mí me dijeron; que cómo pensaba hacer un museo en Santa Cruz, que quién iba a venir. Que no se necesitaba un hotel 5 estrellas, que estaba loco. ¡Por supuesto que estoy loco!, porque si no lo estuviera, no habría hecho ninguna cosa. 

El mundo está tan fresco como el primer día para hacer cosas. Está todo fresquito, están todas las oportunidades ahí, pero hay que tener la paz mental y espiritual para poder verlas… recuerda que sólo en las noches se ven las estrellas.