Roberto Catalán y los 25 años de "El Sanny": Un hombre hecho a sí mismo

Martes, 06 Febrero 2018 00:00 Escrito por 

Su mentor fue un mecánico de la RAF (Royal Air Force), que reparaba los ingenios aéreos que terminaron imponiéndose a la aviación nazi en la II Guerra Mundial.  Así comienza la historia de “El Sanny” y su propietario, Roberto Catalán, quien empezó siendo garzón y hoy es dueño de este reconocido restaurant del Lago Rapel que acaba de cumplir 25 años de vida, marcados por el sacrificio y el arduo trabajo, que lo han convertido en uno de los más importantes de esta zona.

 

por Felipe J. Sasso - Paulo Araya V | fotografía Claudia Maturana N.

 

 

Esta historia parte lejos, muy lejos, en el tiempo y la geografía. En pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y evidenciando que Inglaterra era un contrincante formidable, Hitler bombardeó Londres y otras importantes ciudades de Inglaterra. Era la primera vez en la historia, que el Poder Aéreo, mostraba lo mortal que podía ser. Esto implicó que la Luftwaffe, dejara caer toneladas de bombas sobre civiles y blancos militares. Fue un error estratégico de proporciones, porque a diferencia de lo que pensaban los nazis, la moral del pueblo inglés no decayó. Al contrario, se prepararon para el combate y movilizaron a toda la isla, entre ellos, a pilotos de guerra que defendieron con dientes y muelas a su gente. Fue poco a poco, pero finalmente doblegaron al enemigo. 

 

Para tener la máquina de guerra aceitada, la RAF, acuarteló a los mecánicos disponibles y capacitados, para que por turnos, día y noche, repararan los ingenios volantes. Fue tan grande el valor demostrado por los aviadores, que a esos combates se les denominó como “La Batalla de Inglaterra”, que el Primer Ministro británico de la época, Winston Churchill inmortalizó con su frase “Nunca en el campo de los conflictos humanos, tantos, debieron tanto, a tan pocos”.

 

Dentro de ese grupo de mecánicos de la RAF, estaba Walther Smith Graham, apodado como “Sanny”. Ya culminado el conflicto y quedando el Reino Unido como uno de los vencedores, Smith se retiró de la aviación y para olvidarse de las atrocidades de la guerra, viajó por el mundo. Entre los múltiples destinos visitados, estuvo en Chile, al que recorrió de punta a punta, quedando prendado del Lago Rapel. Terminó viviendo y trabajando en la zona, donde hizo realidad un anhelado sueño, tener su propio restaurante, al que llamó Marina Rapel.

 

entre brindis, rica comida, homenajes y buenos amigos, se desarrolló el festejo de esta larga trayectoria del restaurant El Sanny

 

EL SANNY: ANIVERSARIO 25

 

Con el objetivo de ganarle a la vida desde pequeño, Roberto Catalán comenzó a trabajar a los 14 años, limpiando las casas de veraneo del Lago Rapel. Su esforzada vida sumó un episodio fundamental, cuando se convirtió en garzón del Marina Rapel, donde conoció a Walter Smith, el otrora mecánico de aviación de la Segunda Guerra Mundial, que terminó siendo su mentor y el encargado de entregarle consejos sobre las cosas de la vida y los negocios. 

 

“El Sanny”, creó un fuerte vínculo con el joven Roberto, era casi como un padre. Del inglés, él admiraba su rigor y la disciplina con que manejaba su establecimiento. Catalán creció y atesoró en su mente, las experiencias vividas con el británico. 

Después de corrida mucha agua bajo el puente, en enero de 1993, Roberto puso en práctica las lecciones aprendidas, inaugurando su propio restaurante, al que bautizó con el nombre de “El Sanny”, en homenaje a Walther. Seguramente, si Smith lo estuviera viendo desde el cielo, calificaría a su querido aprendiz, como un “Self Made Man”, un hombre hecho a sí mismo.  

 

A sus 53 años, Catalán puede mirar con perspectiva los frutos del esfuerzo y el trabajo duro; puede ver con satisfacción cómo su negocio acaba de cumplir 25 años, celebrando la vida del ya desaparecido mecánico inglés. El sábado 6 de enero, entre brindis, rica comida, homenajes y buenos amigos, se desarrolló el festejo de esta larga trayectoria del restaurant “El Sanny”, marcada por la sabrosa cocina y la pasión de ofrecer un servicio de primera, transformándolo en un referente indiscutido de la buena mesa del Lago Rapel. 

 

Cuando se llega a las Bodas de Plata, es momento de hacer balances y traer al presente recuerdos, como el de su madre, una mujer campesina de Rapel, que para mantener a sus ocho hijos, confeccionaba ponchos y frazadas. 

A la hora de los recuentos, Roberto observa un exitoso, largo y en oportunidades, pedregoso camino. Uno de los momentos difíciles lo vivió en 1997, año en que una sequía terminó ahuyentando a los turistas del lago. Y como muchos emprendedores lamentablemente saben, a veces, los números simplemente no dan. 

 

Para mantener su negocio a flote, el propietario de “El Sanny” debió tomar una dura decisión, reducir personal, quedando el establecimiento en su mínima expresión, con un cocinero, una garzona y él. “Hacíamos todo entre los tres, fue una crisis, un momento complejo para mí y para quienes trabajaban conmigo, pero lo pudimos superar y aquí estamos”, recuerda Roberto. 

 

Para pasar por encima de los obstáculos, también ha sido determinante su círculo más cercano, donde está Enzo Escobar, su amigo y brazo derecho. “Con él, hemos puesto piedra sobre piedra, para sacar adelante este lindo proyecto que cumple sus Bodas de Plata”, expresa.  Y no sólo han sabido sobrevivir a ciertas circunstancias adversas, también proyectan planes para el futuro; uno de los más ambiciosos es la construcción de una laguna artificial que le permita a este empresario criar sus propios pejerreyes para que así los clientes puedan disfrutar de este producto recién sacado del agua, que se ha transformado en uno de los preferidos cada temporada.

 

No es fácil mantener por tanto tiempo un negocio y eso Roberto lo sabe. “Una de las claves del éxito, está en la presencia permanente, siempre el dueño tiene que estar al pie del cañón, administrando, viendo que las cosas salgan bien”, indica. “La constancia también es importante; el restaurante siempre tiene que estar abierto y preparado, haya o no clientes”, añade. 

 

Las jornadas para Catalán, son exigentes, ya que “para mí, todos los santos días, parten a las nueve de la mañana y terminan a las once de la noche. Gracias a esto, tengo una clientela muy buena, porque me preocupo que todo esté muy fresco, preparado en el momento, nada se recalienta”, afirma.

 

“Para mí el restaurante significa muchísimo, he partido desde abajo y hoy soy un emprendedor, que gracias al tesón, he podido brindarle a mi madre, aquellas cosas a las que nunca tuvo acceso en su juventud”, señala Roberto. El propietario agrega que “he ido avanzando, de menos a más y ojalá pueda seguir muchos más años; mis agradecimientos infinitos van a mis clientes”. 

 

 

UNA MESA HONESTA

 

Una de las virtudes del establecimiento está en su honestidad gastronómica, porque no tiene otra pretensión que la de ofrecer a sus comensales, sabrosos platos, cocinados con afecto e ingredientes frescos. Éste es uno de los puntos fuertes del servicio que ellos brindan y uno de los elementos que atrae a los visitantes, los que vienen de Santiago, San Vicente, Las Cabras, Melipilla, Santo Domingo, el sur de Chile e incluso el extranjero.

 

Su carta cuenta con lomo, pollo deshuesado, chuleta, salmón, entre otras preparaciones. En la oferta de tragos es posible encontrar pisco sour, amaretto sour, tequila margarita y caipirinha, mientras que uno de los platos más solicitados por los clientes es el Pejerrey a lo Pobre, pescado que también lo preparan a la alcaparra o a la plancha; de hecho, en temporada alta, se preparan semanalmente entre 200 y 300 kilos de esta especie. Otro recomendable es el Pollo al Sanny, compuesto de una pechuga con tocino y champiñones. A lo anterior, se unen las 10 cabañas ubicadas en el recinto, con capacidad para cuatro, seis y ocho pasajeros.

Larga y fructífera vida contienen los 25 años del restaurante, cuyo crecimiento también ha ido de la mano con el explosivo desarrollo turístico de Rapel. Hoy esta localidad, nombrada Zona de Interés Turístico en 2013, ha ganado atractivo gracias a la amplia variedad de panoramas que ofrece además de todas las actividades que se pueden llevar a cabo en el lago, como velerismo, esquí acuático, kayak, pesca deportiva y paseos en motos de agua. Por esta razón, el agradecimiento de Roberto hacia este pueblo es constante y está muy presente. “A Rapel lo amo. Gracias a Rapel soy la persona que soy, lo es todo para mí. Jamás me iría, aquí están mis raíces, mi gente. Aquí me quedo, no lo cambio por nada del mundo”, concluye este heredero de la disciplina inglesa.

 

Dirección: Kilómetro 64, Carretera de la Fruta. | E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Horario de atención: Todos los días del año, de 11:00 a 22:00 horas. | Fono: +569 9887 0497.