Cristina Álvarez, Sommelier: “Cuando uno quiere cumplir un sueño, lucha por alcanzarlo”

Lunes, 05 Febrero 2018 00:00 Escrito por 

La perseverancia es una de las virtudes que la han caracterizado para alcanzar sus metas. Asesora comunicacional de proyectos vitivinícolas y gastronómicos del Valle de Colchagua, en el grato deleite de una copa en el WineBar de Viña Estampa, nos cuenta cómo llegó a convertirse en sommelier profesional, los desafíos que debió enfrentar y su visión del vino como experiencia. 

por Paulo Araya V. | fotografía Claudia Maturana N.

 

 

Gracias a su vocación y oficio, Cristina poco a poco comienza a ganarse un merecido espacio en la escena del vino y la gastronomía del Valle de Colchagua; y como todo esfuerzo tiene su recompensa, en 2017 es seleccionada para conformar -junto a otros expertos del rubro- el jurado de la última versión del concurso internacional Catad'Or Santiago Wine Awards.

 

En 2016, fue invitada a servir el vino para Josep Roca -durante su visita a Colchagua-, sommelier y copropietario del Celler de Can Roca, uno de los mejores restaurantes del mundo según la lista World's 50 Best Restaurants. Desde que egresa en 2015 de la Escuela de Sommeliers de Chile, ha realizado numerosas degustaciones para importantes viñas pertenecientes a diferentes zonas vitivinícolas de país. Colaboradora permanente de la destacada chef chilena, Pilar Rodríguez, realizando en su Food & Wine Studio, Servicio de Vinos para grupos exclusivos nacionales e internacionales.

 

Ha asesorado a connotadas marcas asociadas a la elaboración de vinos en Colchagua y Curicó. Actualmente en Viña Estampa colabora en el área de Comunicaciones, además de escribir para distintos medios escritos regionales y nacionales, para difundir la gastronomía y el turismo de Chile. 

 

Trabaja duro. Siempre lo ha hecho para conseguir los objetivos que se ha propuesto en la vida. Y desde el Valle de Colchagua, intenta difundir cada día la cultura del vino. Sin duda, para ella, no hay mejor lugar. 

 

¿Cómo llegas a la cultura del vino? ¿Te encontró o lo encontraste?

Creo que nos encontramos, por eso digo siempre que el vino me guiñó el ojo y lo seguí. Quería hacer algo más allá de la docencia, en la que trabajé por años y me dio muchas satisfacciones. Es decir, desempeñarme en algo que me llenara aún más el corazón. 

Un día escribí a la Ruta del Vino de Colchagua, proponiéndoles hacer un proyecto en Comunicaciones. A los pocos días, me llamaron desde las Viñas de Colchagua A.G. y comencé a trabajar con ellos por casi dos años. Ahí me di cuenta que estaba pasando todo en el Valle, que había un amplio mundo por conocer, el mundo del vino, tan mágico e interesante.

 

¿Cuál fue el camino que te llevó a ser sommelier profesional?

En 2014 me arriesgué y ocupé todos mis ahorros para ir a estudiar a la Escuela de Sommeliers de Chile, en Santiago. Conté con la gran ayuda de mis papás para emprender esta aventura, me apoyaron en todos los aspectos para alcanzar mi sueño, entre otras cosas, cuidar a mi hijo Nicolás, hoy de 14 años. 

En mi curso era “un bicho raro”, porque todos mis compañeros tenían relación con el vino, porque trabajaban en restaurantes u hoteles en el área de servicios.

Recuerdo cuando tomaba el bus a las 5:15 horas hacia Santiago, acompañada de una colación que siempre me preparaba mi Papá, sólo tenía dinero para el pasaje de ida y vuelta. En una ocasión, vencida por el cansancio, pensé seriamente en dejar la carrera. De regreso a San Fernando, se me caían las lágrimas, pero miré por la ventana del bus y vi una nube con forma de cruz, imagen que entendí como una significativa señal para seguir adelante con mi sueño. 

 

Por lo que cuentas, implicó un gran esfuerzo, sobre todo familiar.

Había momentos en que Nico me preguntaba, “¿Mamá, no se aburre de estudiar tanto?” Yo le contestaba: hijo, cuando uno quiere cumplir un sueño, lucha por alcanzarlo. Al final fui la primera de mi generación en egresar de la Escuela; entramos 22 alumnos y terminamos seis. 

 

Prefiero hablar de armonía, asociada a una experiencia global, donde también importa el entorno y con quién bebes el vino.

 

¿Cómo comenzaste tu carrera como sommelier?

Cuando estaba cerca de titularme, tuve la bendición de trabajar en mis primeras degustaciones de vino con público. Éstas fueron dirigidas a funcionarios del Banco de Chile de San Fernando, Curicó, Talca, Chillán y Linares. Fue muy interesante para ellos conocer las fases de la degustación y conocer los vinos de la misma zona que habitaban.  

 

¿Por qué se asocia al vino con una experiencia?

Creo que es importante encantar a los turistas, contarles qué hay detrás del vino que degustan. Por ejemplo, dar a conocer historias de pequeños viñateros, el esfuerzo familiar que hay en la producción y trayectoria de sus cultivos, algunos con más de 100 años. Hay riqueza en su testimonio, en esa forma de trabajo a pulso.  

Cuando se bebe el vino, no sólo se consume una bebida alcohólica, se está viviendo una experiencia. Cada cosecha, cada botella, es una vida distinta. El vino es la bebida más social de todas, porque en torno a él, conversas, compartes, te ríes. 

Siento que ese tipo de experiencia se puede enriquecer con alianzas entre las grandes bodegas, con los pequeños viticultores. De esa forma, los turistas pueden empaparse de las dos atractivas realidades.

 

¿Cuáles son tus cepas preferidas?

Una de mis cepas preferidas es el Syrah, porque es muy aromático en nariz, me encanta su despliegue de fragancias frutales, sus notas especiadas, su cuerpo. Lo puedes acompañar por ejemplo con un garrón de cordero cocinado por horas al horno, junto a un puré de papas y zapallo ahumado, más un fino toque de merkén. 

También me fascina el Carménère, por su delicado cuerpo medio, su sedosidad y que perfectamente se puede acompañar con preparaciones chilenas, con las que me desempeño mejor en la cocina. ¡Qué delicia acompañar en esta temporada un Carménère colchagüino con un Pastel de Choclo! 

 

¿Y en Blanco?

El Viognier. Me gusta mucho disfrutarlo en nariz, es floral, su presencia aromática me fascina. Feliz lo disfruto sin preparaciones, sólo en una linda terraza durante el atardecer.  

 

¿Cómo concibes la unión vino y comida? 

En la cocina chilena se está haciendo un trabajo súper entretenido, una linda labor de reconocimiento del vino como alimento, bebido con moderación. Así entiendo yo el vino. No es la gastronomía y el vino por separado. 

Colchagua está abriéndose a diferentes tipos de propuestas gastronómicas. Hay riqueza en la variedad, elemento que está tomando fuerza en restaurantes de hoteles y viñas. Algo similar está ocurriendo también en muchas otras zonas de Chile donde la producción de vinos es relevante.

 

¿Existe el maridaje ideal?

No creo en una receta de maridaje ideal, porque puedo sugerir un vino con una preparación, pero no necesariamente le gustará al comensal. Mi idea no es amarrar siempre un vino con un plato determinado, porque los gustos son variados. Prefiero hablar de armonía, asociada a una experiencia global, donde también importa el entorno y con quién bebes el vino.  

 

¿Cuáles son tus próximos desafíos como sommelier?

Quiero ser profeta en mi tierra y estoy esforzándome para lograrlo, por eso mi meta es volver a estudiar. Soy una persona generosa, me motiva compartir lo que he aprendido. Así como yo tuve la oportunidad, me gustaría enseñar a otros lo maravilloso que es el mundo del vino.