Gabriela Balmaceda | Pasión por los caballos

Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00 Escrito por 

Conocida por bailar cueca montada sobre un caballo, la talentosa jinete profesional de Colchagua relata cómo el amor por estos fieles animales, transformó su afición en un estilo de vida, desplegado en osadas y finas presentaciones ecuestres. 

 

por Soledad Correa M. | fotografía Claudia Maturana N.

Se ayuda del estribo y con la destreza de una amazona del valle, se monta en Santa Isabel "Ando Contento". Está vestida elegante, con el negro como tono esencial, presente en su sombrero, la larga falda y una entallada chaquetilla. Gabriela Balmaceda Errázuriz prepara su pañuelo blanco y haciendo un impecable movimiento de rienda, inicia un prolijo andar cruzado. Se posiciona coqueta, para bailar cueca con un huaso bien “entaquillado”, que la acompaña de pie. Ésta es una de las presentaciones ecuestres más celebradas que ejecuta con delicadeza la jinete profesional, motivada por el gran compromiso y amor que siente por los caballos, a los que dedica casi el 100% del día, criándolos, cuidándolos y entrenándolos.

 

Fuera de sus escenarios, Gabriela forma y regalonea a su pequeño hijo Gerónimo, de cuatro años, rodeado de un ambiente sano, en contacto con la naturaleza. Para encontrarme con esta colchagüina de tomo y lomo, paso por la Hacienda El Huique, lugar donde comienza la historia de la familia Errázuriz en nuestra zona. Después continúo camino hacia Los Olmos, un bello campo donde sus padres, tíos y hermanos, han construido un acogedor espacio que los reúne durante todo el año. Manteniendo su fina y bella estampa, la veo en la pesebrera vis- tiendo jeans, botas vaqueras y un cinturón con una gran hebilla plateada. Se planta de tal forma, que de inmediato noto su fuerza. Sus pasos son decididos. Cuando acaricia a sus caballos, florecen en ella la ternura y sensibilidad que éstos le provocan.

Administro un criadero en Colchagua y mi labor es preparar, ejercitar y dar un buen cuidado a los caballos que están a mi cargo. También, de forma independiente, preparo caballos para niños.Todos los lunes hago mis clases de equitación en Santiago y me entreno para hacer mis presentaciones ecuestres a empresas.

Gabriela, ¿en qué consiste tu tra- bajo con los caballos?

¿Cuál es tu relación con esta especie tan noble?

Es una relación muy especial, difícil de explicar. A veces, la empatía que logro con ellos es más grande y más fácil que con el humano. Trato de entenderlos y que ellos hagan lo mismo con- migo, para que logremos ser un binomio. Estar con ellos me transporta a mi niñez, cuando no existían horarios ni límites.

¿Qué gatilló tu vocación por ellos?

Se fue dando solo, sin exigencias, siempre sentí un fuerte vínculo. Cuando era niña, me iba caminando sola a los potreros, se me acercaban los potrillos y me mordían en forma de juego. Aún recuerdo los pasos del caballo y la tranquilidad del campo en los brazos de mi papa donde me dormía. Ya más grande, traté que me gustaran otras cosas, distintas actividades o hobbies, pero no hubo caso, era algo que me amarraba demasiado y en vez de darle la pelea, pensé en qué podía hacer con ellos.

¿Cuáles son los estilos de montar que más te identifican?

Me siento identificada con tres estilos, que además son el reflejo de mi personalidad. El Indio, que tiene una forma pura de comunicarse con el animal; esa locura, simpleza y la sensación inexplicable de libertad sin límites. Montar a pelo (sin montura), me llena de energía. En esas ocasiones, suelo utilizar mis botas de cuero de una pieza, que me regaló un artesano argentino. Son mi chiche. Con el estilo Cowboy me siento cómoda, porque es un formato aperrado y dedicado al cuidado de los caballos. Asimismo, el estilo de Amazona me gusta por su femineidad y patriotismo. Ahí visto de huasa, con un elegante ropón y montura de lado.

¿Es cierto que quieres combinar tu trabajo con la ayuda a la comunidad?

Sí, estamos formando proyecto para niños de escuelas rurales de colchagua. La finalidad del proyecto es enseñar a montar y crear vínculos de cariño, cuidados y cercanía con el caballo, para así traspasar la experiencia con sus pares y lograr que entiendan la importancia que tiene crear lazos de amor y preocupación, tanto con seres humanos como con animales.

¿Domar con fuerza o con cariño?

Con empatía, dando cariño y a la vez energía, ya que debemos entender que el caballo tiene su naturaleza animal y en alguna situación inesperada, debemos saber cómo dominarlo.

¿Cómo vez a la mujer colchagüina en general?

Tenemos fuerza, garra y energía. La veo llena de proyectos e innovadora. No le tememos a nada, somos unas amazonas (ríe).

Termino la entrevista con la integrante de la sexta generación de Errázuriz en Colchagua y le pido otra demostración de su espectáculo ecuestre. Con soltura y seguridad increíbles, logra quedar parada sobre el caballo durante varios minutos, sin que éste se inmute. Posteriormente, hace la invertida, luego una voltereta y concluye parada incólume detrás del animal. Como si no fuera suficiente, efectúa una nueva maniobra al mando de un tordillo, con el que rodea diversos barriles a una velocidad pasmosa. Pese a que no toca ninguno, observarla es para infartarse.